martes, 26 de noviembre de 2013

26.11.2013 MANDALAY

A las 4h00 de la mañana el autobús ha parado en un lugar indeterminado de las afueras de la ciudad de Mandalay. Con los ojos casi cerrados me bajo del autobús sin saber muy bien donde me encuentro. De repente un avispero de "buscavidas" me abordan para conseguir que contrate un taxi, o lo que sea que me lleve hasta un hotel. Casi inconscientemente me dejo llevar hasta un hotel económico del centro del que tengo algunas buenas referencias. Pero está completo. Encuentro a dos argentinos que también andan buscando un hotel, cargados con dos enormes mochilas. Mi moto-taxi me lleva hasta el Nylon Hotel, el recepcionista se levanta del camastro debajo del mostrador donde duerme, y me da una habitación libre. Accede a que la ocupe aunque la hora del "Check in" sea más tarde. Lo agradezco enormemente, pues estoy destrozado por el duro viaje nocturno. Me meto en la cama, y duermo durante 4 horas. Me levanto a las 9h00, tomo una ducha de agua fría para desperezarme y hago la colada, antes de bajar a desayunar.



Después del desayuno, cojo un trishaw para ir a visitar el Palacio Real que ocupa un extenso recinto del centro de Mandalay, rodeado por un amplio canal de agua.
Con un ticket combinado que vale 10.000 kyats tienes derecho a vistar varios de los monumentos que hay en Mandalay, así que vale la pena comprarlo, pues supone un ahorro y no hay que pensar en pagar más.










Gran parte del interior del recinto del Palacio Real está ocupado por instalaciones militares y el acceso a esa parte está totalmente prohibido. Los edificios que constituyen el Palacio Real son una reproducción del que fuera el original y que fue destruido por un incendio. El interés que supone la visita no es más que por hacernos una idea del que fuera el original y también hacernos una idea de la vida que podían llevar los reyes, los nobles y toda la corte.














En uno de los edificios hay una colección de algunas piezas antiguas que pueden apreciarse en el Palacio Real.












Lo cierto es que después de haber visitado el Palacio de Kanbawzathadi en Bago me ha decepcionado un poco, pues si bien encuentro muchas similitudes, el entorno y la calidad de conservación dejan un poco que desear, y sin embargo no puedo dejar de visitar el Palacio de Mandalay, pues es de lo más importante que hay en la ciudad.

No lejos de la esquina nordeste del recinto del Palacio Real se encuentra la Pagoda Sandamani, que destaca sobretodo por sus 1774 losas de mármol grabadas con los comentarios sobre el Tripitaka que son los cánones budistas.












No lejos de allí se encuentra la Pagoda Kuthodaw que guarda similitudes importantes con la Pagoda Sandamani, y que cuenta con 730 stupas y cada una de ellas con una losa de mármol grabada con textos del Tripitaka. Por ello se ha dado en llamar a esta pagoda "el libro más grande del mundo", pues las 730 losas llenan los 15 volumenes de los que consta el Tripitaka, o Canon Budista Theravada.


















Cerca de la Pagoda Kutodaw se halla el Monasterio Atumashi Kyaung, que pondrá fin a mi primer día en Mandalay. tiene una forma totalmente distinta a todos los que he visto hasta ahora y se me antoja una cierta similitud con el barroco sevillano, tanto por sus colores blanco rematado de dorado, como por los puntas en que acaban sus pilares. 












De vuelta al hotel me decido a comer "diferente", y eso quiere decir a comerme una hamburguesa de carne de ternera con una cerveza Tiger, en el Restaurant European. Que puedo decir,... uno tiene sus debilidades y a estas alturas del viaje estoy harto de tanto arroz, por mucho que me guste.

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