domingo, 24 de noviembre de 2013

24.11.2013 CUEVAS DE PINDAYA

Para ir a Pindaya desde Nyaungshwe y volver el mismo día, hay que alquilar un coche, pues no existe ningún medio de transporte público que permita hacer ese recorrido en un solo día.
No resulta nada barato, teniendo en cuenta el coste de vida de Birmania, pero a mi entender merece la pena visitar las Cuevas de Pindaya pues no tengo noticias de que haya algo similar en otra parte del mundo.

Hay que atravesar las montañas, y la carretera no es buena, y un coche no puede correr más que 60 kilómetros por hora, y más teniendo en cuenta que hay que atravesar pueblos, en los que cualquier imprevisto puede cruzarse por delante. 

Así que para recorrer unos cien kilómetros tardamos unas 2 horas y media, pero eso lejos de ser un inconveniente, te permite disfrutar del paisaje y contemplar la vida a tu paso.
Las colinas con diferentes sembrados, convierten la tierra en un tapiz multicolor. Los bueyes tiran de los carros, las mujeres recogen el arroz y los niños ayudan en las tareas del campo, con los animales.

Después de un día en el Lago Inle, me apetece visitar el interior y ver su campiña, contemplar los pueblos por los que vamos a pasar, y recrearme en un paisaje que aunque totalmente distinto, es de una gran belleza.




Al pasar por un altozano, se me ocurre decirle a mi conductor que éste lugar es idóneo para cultivar té, sin saber siquiera que unos metros más allá había un gran campo de té verde, y nos paramos para contemplar esa planta que a los bebedores de té nos proporciona tanto placer.



Unos pocos kilómetros más adelante me paro para contemplar unas mujeres recogen el arroz, atando sus ramilletes con el mismo tallo de la planta. 







Pindaya es una población que se ha desarrollado alrededor de un lago mucho más pequeño que el Lago Inle, pero que abastece de agua a sus habitantes y además sirve de lugar de recreo.

Las Cuevas de Pindaya se encuentran a las afueras de la ciudad, en una de las vertientes escarpadas de la montaña. Para acceder a ellas se ha habilitado una carretera que permite a los automóviles llegar justo hasta el pie. Y una vez allí una escalera cubierta nos ayuda a superar el desnivel y nos ayuda a entrar en ese espectáculo excesivo de figuras de Buda. Exceso es la palabra que mejor define el lugar, exceso por la enorme cantidad de figuras de Buda que  con distintos tamaños y formas ocupan todos y cada uno de los rincones y oquedades de las cuevas.












En la entrada hay dos figuras de Buda que custodian un panel que dice así:

"El abandono de todo mal.
El cultivo de todo bien.
La limpieza de la mente de uno mismo.
Esta es la enseñanza de Buda."












































Antes de regresar a Nyaungshwe nos paramos a comer en un restaurant que hay con vistas al lago.




Habiendo comido y bien acomodado en el asiento posterior de esta magnifica berlina, con el sol poniéndose y endulzando los colores del campo, el retorno se me hace muy agradable.









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