Tal como le pedí al recepcionista me despierta a las 7h00 de la mañana. Desayuno y cojo un taxi que me lleve a la estación de autobuses de Yangon que se encuentra a las afueras de la ciudad. Justo al llegar sale un autobús hacia Kinpun, que es el pueblo hacia donde me dirijo. El taxista me ayuda a parar el autobus y casi sin darme cuenta tengo la maleta en el autobús y yo ya estoy en mi asiento. Todo ha sido tan rápido que no he tenido tiempo de comprobar que efectivamente hubieran cargado mi maleta.
El trayecto de Yangon a Kinpun dura unas tres horas. No está lejos pero las carreteras están en muy mal estado y además hay mucho tráfico lo que obliga a los vehículos a circular a una velocidad muy lenta lo que convierte las distancias cortas en distancias medias y largas. Aprovecho el viaje para escuchar música y leer un poco.
Kinpun es un pueblucho que no tiene ningún interés sino es porque es el punto de partida para ir a Kyaktiyo, que es un lugar sagrado para los birmanos y a donde acude mucha gente en peregrinación, donde se encuentra la Roca Dorada. Abundan los puestos de comida y las tiendas de artesanías, pero no hay mucho que tenga algún interés para mí.
La inmensa mayoría de la gente que sube a Kyaktiyo lo hace con la ayuda de unos camiones que "acomodan" a sus pasajeros en unas banquetas metálicas amontonados hasta que nadie pueda balancearse de lo apretujados que van. Yo he decidido subir a pie, por un camino bien señalizado y que en muchos de sus tramos está hecho con escalones.
Nada más bajar del autobús busco un lugar donde guardar mi maleta, y lo hago en el hotel que me ofrecen para dormir. Por mi parte he decidido que dormiré en la cumbre de Kyaktiyo en alguno de los hoteles que haya al lado de la Roca Dorada.
Casi sin perder tiempo me echo a andar pasadas las 12h00 del mediodía. No quiero perder tiempo pues desconozco el tiempo que tardaré en llegar arriba y las informaciones que me dan sobre la duración del camino, son contradictorias y confusas y no quisiera tener que dormir en algún lugar del camino, pues desconozco las condiciones.
A lo largo del camino me sorprende la cantidad de artesanos que fabrican metralletas de bambú para ser vendidas como juguetes y a tenor de lo visto, parece que tienen mucho éxito. No deja de ser chocante que ésto suceda a lo largo de un camino de peregrinación hacia uno de los lugares más sagrados del budismo birmano a donde sube la gente para hallar paz y armonía.
Toda la gente que me encuentro hacen el camino de bajada, nadie está subiendo como yo. Por cierto no encuentro ningún extranjero que haga el camino, ni que sea de bajada. conste que es del todo recomendable andar hacia la Roca Dorada ya sea por la gente que uno encuentra o bien por el paisaje o también por los monasterios y pagodas que hay a pocos metros del camino.
Poco antes de llegar me encuentro por primera vez a unos jóvenes que juegan a Chinlon un juego popular parecido al voleibol, en que dos equipos juegan a meter la pelota en campo contrario dándole con el pie o la cabeza a una pelota de mimbre o plástico.
La calor y la humedad ambiental han estado a punto de hacerme desistir de subir a pie a Kyaktiyo. He tardado cinco horas en llegar a la cumbre. Seguramente que se puede hacer en mucho menos. Algunos hablan de tres horas y media, y creo que es posible, pero yo me he parado cuantas veces he deseado para acercarme a la gente que he ido encontrando, para hacer las fotos que me han apetecido, para interesarme por todo lo que estaba ocurriendo a mi alrededor, para descansar, beber o simplemente echar una mirada a alguna cosa que ha llamado mi atención.
Me ha sorprendido de la gran amabilidad de la gente que he encontrado en el camino y que en todo momento se han dejado fotografiar, me han sonreído y se han acercado a mi para interesarse por lo que hago en éste rincón de Birmania.
Llego al atardecer. Busco un hotel, en el que pueda tomar una buena ducha y descansar después de éste dia tan agotador. Los hoteles que encuentro me piden cerca de 100 dólares lo que resulta un precio muy elevado para un país como éste. Finalmente encuentro uno que me cuesta 50 dólares la noche y ante la poca oferta me dejo convencer y tomo la habitación un poco a regañadientes.
Después de cenar me acerco a la Roca Dorada para tener un primer contacto con el lugar y con el fuerte ambiente espiritual y devocional que allí se respira.
Los birmanos se quedan a dormir en los pabellones que hay especialmente habilitados a precios irrisorios o quizás gratuitamente, otros dormiran encima de unas esterillas y cubiertos con unas mantas. Seguro que durante toda la noche se sucederan los devotos para que en todo momento la roca acoja a los que la veneran. Yo no tardaré en ir a dormir, pues mañana he de levantarme pronto y quiero aprovechar para visitar con la luz del día la Roca. Espero que haga sol.
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