lunes, 18 de noviembre de 2013

18.11.2013 YANGON (RANGUN)

Me levanto de la cama con la firme decisión de visitar la Sinagoga Musmeah Yeshua de Yangon. Quizás sea la única sinagoga de todo Birmania. Son poquísimos los judíos que todavía quedan en Birmania. La mayoría de los judíos birmanos hicieron alliah a Israel. Por eso me parece casi un milagro que todavía haya una sinagoga en el centro de Yangon entre las calles 85 y 26, con un rabino Rav Moses Samuels que viste camisa y longyi, como es costumbre por estas tierras, y que a pesar de su traqueotomía sigue estando al servicio de los judios birmanos y de todos los visitantes que se acercan aquí.
Me sorprende el edificio, su dignidad, limpieza y orden, que hoy día ha quedado situado en un barrio musulmán, rodeado de mezquitas y negocios regentados por musulmanes, la mayoria de ellos emigrados de India o Bangla Desh. Dejo un óbulo para ayudar a su mantenimiento y le deseo al rabino fuerzas para seguir con su tarea.












Comida frugal en la calle. Arroz al vapor con verduras y solo algunos pedacitos de carne testimoniales. Su precio: irrisorio menos de 1 euro. Bebo de la botella de agua mineral que he comprado en algún otro sitio.



De camino a la Pagoda Botataung encuentro multitud de puestos de comida, tenderetes que venden zumo de caña recien hecho, puestod donde te escriben una carta o una solicitud de transferencia bancaria, te leen las lineas de la mano o te envuelven un alcaloide en una hoja que muchos birmanos mastican lo que vuelve sus dientes negras y les hace escupir por todos lados.












Siguiendo la calle que discurre perpendicular, en dirección al rio Yangon, llego a la Botataung Paya, la tercera pagoda más importante de Yangon. En ésta pagoda se guardan las reliquias de unos cabellos de Buda, y es la única pagoda donde se puede acceder hasta el interior, a través de un recorrido que me lleva a trazar un camino en zig zag yendo desde fuera hacia dentro y desde dentro hacia fuera. Sin ser tan espectacular como la Pagoda Shwedagon, llama mi atención y me dejo impregnar por su belleza y recorro todos sus rincones agradeciendo que haya mucha menos gente que en otros lugares lo que me permite vivir más íntimamente su energía.








Otros edificios comparten el recinto de la Pagoda Botataung y merecen la pena visitarlos. Representaciones de Buda, representaciones de los Nats (espiritus de la antigua religión animista, y que todavía sigue vigente), espacios para la meditación o para venerar y honrar la figura de Buda. 




















Después de tomar una cerveza bien fresca, cojo un taxi que me lleve hasta la Pagoda Shwedagon, donde estuve ayer noche. Tengo ganas de volver allí y de visitarla de nuevo, esta vez a la luz del dia para así poder apreciar mejor todos los detalles y ver el lugar con el brillo del sol impactando sobre el dorado de sus tejados y cubiertas.

































Encuentro la Pagoda Shwedagon con muy poca gente, lo  que agradezco mucho. El dia soleado me ofrece una gran variedad de tonalidades de dorados y puedo hacer fotos sin que nadie aparezca en medio de improviso. El blanco se mezcla con el dorado y el azul del cielo, haciendo una combinación muy atrayente.


























Una gran calma invade el lugar y me paseo introspectivamente casi olvidándome de mi mismo, dando una y otra vuelta alrededor de la estupa central, parando para entrar en alguno de los templos que hay alrededor y seguir andando siempre alrededor de la estupa, hasta perder la noción del tiempo y del espacio, llegando a no saber bien donde me encuentro. 
Me sorprende ver que un lugar como éste pueda resultar tan distinto en unas pocas horas de diferencia y me alegro de haber venido de nuevo, para apreciar otra vez la belleza de la Pagoda Shwedagon.



















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