sábado, 30 de noviembre de 2013

30.11.13 FERRY MANDALAY-BAGAN

A las 5h de la mañana me despierta el recepcionista, tal y como le pedí ayer. Recojo las cosas, acabo de hacer la maleta y salgo a la calle donde me espera el taxista de ayer, el mismo que me llevó hasta el embarcadero para ir a Mingun y luego hasta la pagoda de Mahamuni.
En apenas diez minutos estamos en el embarcadero del río, desde donde salen los barcos hacia Bagan. Soy el primer extranjero en llegar. Todavía a oscuras y ya hay gente moviéndose, para tomar algún barco, o bien desayunando o también intentando ganarse unos kyats llevando una maleta o cualquier otro bulto.




A medida que pasan los minutos, aparecen extranjeros como yo. Algunas caras me parecen conocidas. Supongo que en algún lugar hemos coincidido, Myanmar sigue siendo un destino turístico minoritario, y tarde o temprano acabas encontrándote con la misma gente en los sitios más frecuentados. En esos momentos hay un barco atracado y que va a llevar una carga importante de verduras y otros alimentos, junto con unas veinte o treinta personas como si fueran una parte más de la carga. Sale a las 6h30, justo cuando otro barco, con el mismo tipo de casco pero con otra disposición atraca en el muelle. Se trata del barco que me va a llevar a Bagan. Salimos a las 7h00 de la mañana, justo cuando empiezan a salir las primeras luces del día.






El barco gana rápidamente distancia del muelle de Mandalay. El día ha empezado con unos nubarrones grises, que sin ser amenazadores, hacen que el día sea más fresco hasta que el sol no gane altura y caliente un poco más. A mediada que avanza el barco las nubes van desapareciendo y haga un sol que en algún momento me obliga a buscar refugio en la sombra.








Contemplar el paisaje suave y agradable mientras leo algunas páginas del libro que me he traído para leer. El día transcurre lentamente, me he sentado en una silla a proa. Aquí se oye menos ruido de motores y el viento hace más soportable el calor que hace. Con la cámara fotográfica a mi lado intento captar cualquier imagen que me sugiera alguna cosa distinta de lo que estoy acostumbrado a ver. Barcos de pasajeros, de carga, pescadores, etc. ...










Día plácido, soleado,con una suave brisa que hace más soportable el calor. Hablo con una señora de L.A. California, sobre el viaje y sobre el fuerte calor que hace. 
El agua de color de chocolate, a veces sucia, otras veces reflejo del fondo arenosos y poco profundo. 








La gran dificultad de la navegación en éste río es la poca profundidad que hay en algunos tramos. Visito al capitán en su cabina y le pregunto sobre la navegación en el lugar por el que pasamos, y ,me comenta que su ayudante trata de averiguar hacia donde debe dirigir la nave, atendiendo a unas cañas de bambú que le sirven de guía, para no embarrancar. Lo que obliga a que el barco tenga que navegar haciendo zig zag buscando el mejor trayecto posible. Esto puede alargar el viaje de manera considerable, pero el día es soleado y magnífico y a nadie parece importarle que tardemos una o dos horas más en llegar , sino en disfrutar del dulce descenso por el río.





Al atardecer llegamos a Bagan. Los colores dorados me encandilan a pesar de tenerlos tan presentes. 









Un taxi me lleva al hotel, después de pagar las tasas turísticas por entrar y disfrutar de todos los templos y espacios que voy a visitar. A pesar de tener la recomendación de un hotel,, al encontrarse ocupado, me instalo en el hotel de al lado que resulta ser un hotel nuevo, recién acabado, y justo al lado de algunos restaurantes que sirven buena comida.



Nada más desembarcar trato de conseguir un taxi, y compartirlo con algún otro pasajero del barco para que resulte más económico. A poco de arrancar el coche se para en un control, en donde hay que liquidar unas tasas turísticas para tener derecho de visitar todas las pagodas y templos de Bagan. Le pido que me lleve a un hostal que me han recomendado y que parece tener un buen precio. Pero se halla al completo. Pero justo al lado se ha construido un hotel familiar  "New Wave Hotel" con unas habitaciones más que aceptables  y con un  buen precio. Contento y cansado tomo la habitación y sin deshacer la maleta me tomo una buena ducha, y me dispongo a cenar en algún restaurante que no se encuentre demasiado lejos.

Estoy en Bagan, y me siento muy bien de estar aquí. Y además estoy donde quiero estar. 

viernes, 29 de noviembre de 2013

29.11.2013 MINGUN

A las 9h de la mañana sale el ferry hacia Mingun, que se encuentra a unos 11 km. de distancia de Mandalay, siguiendo el curso del río. El embarcadero fluvial de Mandalay registra una destacable actividad comercial. Sirve para transportar tanto mercancías como personas, por una de las vías mas fáciles de transitar.
Algunas familias que se ganan la vida trabajando como porteadores, cargando y descargando barcos, han construido cabañas encima del arenal, donde viven con sus hijos pequeños cerca del lugar que les permite trabajar. Algunos aprovechan el paso de los turistas por allí para sacarse un sueldo extra llevando las maletas a los turistas.







El trayecto en barca dura una hora y tengo ocasión de admirar como vive la gente a orillas del río y como éste tiene un importante papel como medio de vida. Las viviendas donde habitan las gentes de aquí están hechas básicamente de bambú utilizando precisamente éste material que es el que más abunda en esta zona y el que es más económico.











Desembarcamos casi delante de la Pagoda Settawya, que es un templo de color blanco y de una extremada sencillez, situado delante del río y que invita al recogimiento y a la meditación. Las escaleras decoradas con figuras humanas que flanquean las escaleras permiten acceder al cuerpo central del templo ocupado por una figura de Buda. Los chinthé guardianes miran desafiantes al río.










Nada más poner los pies en Mingun me asaltan los vendedores de souvenirs, para intentar venderme algún producto que les permita contribuir a los ingresos familiares. Me atrevo a decir que sus gentes viven casi exclusivamente del turismo, pues el resto de los ingresos son de la pesca y la agricultura.

Una mole de ladrillo sobresale desafiante del lado de la ladera de la montaña. Se trata de la Pagoda de Mingun. Mejor dicho de la base de lo que un día fue el proyecto de la mayor pagoda de Myanmar, pero que un terremoto partió en dos partes y quedó así inacabada. Lo mismo ocurre con los dos chinthé que debían custodiar a la enorme pagoda, y de los que hoy día sólo quedan sus cuartos traseros.









La pagoda Molmi rinde homenaje a un venerable monje con gafas.





De allí me dirijo a visitar la enorme campana de Mingun que cuenta con unos cuatro metros de altura y su boca cinco metros de diámetro. Se dice que pesa 90 toneladas. 
El mismo terremoto que destruyó la pagoda también destruyo los soportes de la campana. 








Por último visito la pagoda Hsimbyume, también conocida como pagoda Mya Thein Dan, pintada de color blanco, con terrazas onduladas que le dan la vuelta como si se tratara de la espuma de un mar erizado. 











Digo adiós a Mingun, y a sus "taxis de bueyes" que me buscan para llevarme a dar un paseo de una manera diferente, a un ritmo también diferente, a la velocidad en que el ojo humano puede apreciar "las cosas" tal como són con muchos de los matices que las definen.



De regreso a Mandalay, me hago llevar por mi taxista hasta la pagoda Mahamuni. Pero antes de entrar visito los talleres de artesanos que trabajan el latón y la piedra, esculpiendo con asombrosa facilidad un buda y otro y muchos más, destinados no sólo a los templos y pagodas, sino también para las capillas de las casas particulares.








La pagoda Mahamuni es la pagoda que acoge mayor numero de devotos de todo Mandalay. Al estar lejos de las demás pagodas importantes de la ciudad, los turistas la pasan por alto y no la visitan tanto como las demás pagodas de Mandalay. Sin embargo uno no puede irse de Mandalay sin visitar esta pagoda magnífica, este lugar de veneración del Buda Mahamuni, en que los fieles cubren su cuerpo de láminas de pan de oro.